Política

OPINIÓN

2001: su memoria y la nuestra

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A 19 años de la represión de diciembre de 2001, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación exhortó a mantener "viva la memoria". Un conflicto social, político y económico que frente a las futuras luchas merece ser recordado desde una perspectiva obrera.

Manu Rojas

Estudiante de Periodismo. UNLP

Domingo 20 de diciembre de 2020 | 21:29

Frente a un nuevo aniversario de la renuncia de Fernando de la Rúa, posterior a los trágicos 19 y 20 de diciembre de 2001, en donde la represión policial dio como resultado la muerte de 39 personas y cientos de heridos, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación llamó a mantener "viva la memoria".

Su memoria (la de ellos, la de los dueños del mundo), no quiere un "que se vayan todos", pero si esta demanda se vuelve a generalizar, el alzheimer atacará y entre palos, gases y balas se persuadirá al pueblo para que vuelva a la sumisión.

Su memoria, será para afianzar los mecanismos de opresión y consenso, intentando que no se desarrollen grandes luchas que tiendan a cuestionar al régimen en su conjunto.

"A 19 años de la crisis económica, política y social recordamos a los/as 39 compatriotas que fueron asesinados por las fuerzas de seguridad", escribió el secretario de Derechos Humanos, Horacio Pietragalla Corti, en las redes sociales.

Los asesinos directos siguen en libertad, los responsables políticos hoy son quienes ocupan los asientos aterciopelados del gobierno nacional, se reivindicarán a las víctimas mientras los victimarios se preparan para consagrar otro gran ajuste sobre las espaldas de millones. 

Horacio Pietragalla tuvo una llamativa participación en la represión de Guernica. Mientras que muchos y muchas repudiaban el accionar de la maldita Bonaerense con Berni a la cabeza, a nuestro secretario la pareció un buen accionar ya que se debía respetar la ley y, por sobre todo, la propiedad.

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En una entrevista poco tiempo después al desalojo, señaló: “Sí, quedó un sector radicalizado, que son los troskos, que estaban fomentando el acampe”, dijo. Segundos después amplió: “Sinceramente, se hizo un esfuerzo muy grande para no llegar a un desalojo. Pero bueno, los sectores de izquierda fomentaban que haya cada vez más gente... digamos… eh… Andrés Larroque con todos los compañeros estaban negociando que se vayan las familias, las familias se iban y en su lugar aparecía otra gente... que ya no eran familias”. Su macartismo y sus declaraciones hablan por sí solos.

El sostenimiento de Sergio Berni de parte de Pietragalla, ya sea en la desaparición de Facundo Castro (en donde la Bonaerense al mando del ex carapintada está totalmente involucrada) hasta en la represión en Guernica, deja mucho que desear para quien toma el puesto de secretario de Derechos Humanos y no, como pareciera, de legitimador de la mano dura contra el pueblo pobre.

En síntesis, quien defiende el desalojo de familias sin techo, la represión y quema de casillas, muy probablemente no reivindique la memoria y lucha de los de abajo, sino algún otro tipo de memoria en donde la lucha este diezmada a los intereses del gobierno y los empresarios.

Hoy los números de pobreza e indigencia son muy parecidos a los de aquellas épocas, en donde las cacerolas copaban las esquinas. De la mano del FMI se intentará profundizar un ajuste terrible al conjunto de la clase obrera, y tenemos certeza de que habran nuevos enfrentamientos, nuevas luchas y que el aprender de la experiencia histórica nos dará un buen margen para vencer.

Un pequeño raconto para que el histórico ajuste no avance

En el 2001 gobernaba la Alianza, una coalición entre radicales y Chacho Álvarez, con Fernando De la Rúa como presidente. Era “el mal menor” ante Menem.
La economía durante el gobierno de la Alianza siguió en picada y la bronca popular cada vez era mayor, no era alternativa sino continuidad a las penurias de miles.

En estas “Jornadas revolucionarias” la alianza fue entre la clase media y los desocupados que cantaban “piquete y cacerola, la lucha es una sola”.
No existió una fuerte presencia del movimiento obrero como clase organizada, con sus propios métodos y fines primando. La lucha terminó siendo desviada por las elecciones.

El peronismo, de la mano de Duhalde en la presidencia y el apoyo de la burocracia sindical, salvó al régimen capitalista y fue una pieza clave para éste se recomponga. 

Quienes antes desviaron hoy gobiernan, y tienen en sus manos el cuello de la clase obrera. 
Hay que seguir los ejemplos de los aceiteros hoy, de las familias de Guernica y la lucha a brazo partido que dieron durante meses. El pueblo trabajador no se propone morir de asfixia, luchará. 





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